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CHILE
Manuel Cárdenas Castro, Stella Salinero Rates
La violencia obstétrica (VO) es un problema de gran relevancia social en nuestro contexto, ya que puede afectar tanto física como psicológicamente a las mujeres, además de socavar la confianza en el sistema de salud y limitar su acceso oportuno. Se define como la apropiación del cuerpo de la mujer por parte del personal de salud mediante prácticas que conducen a la medicalización y patologización de sus procesos reproductivos. Esta violencia puede manifestarse de forma psicológica (p. ej., regaños, negativa a responder preguntas o a elaborar un plan de parto acorde con sus expectativas), física (p. ej., uso innecesario de la fuerza o provocación intencional de dolor) y/o sexual (p. ej., comentarios de naturaleza sexual sobre su cuerpo o genitales). También se evidencia a través de prácticas desaconsejadas o estrictamente prohibidas, como la monitorización fetal continua sin justificación, el uso de oxitocina sintética para acelerar el parto, la restricción de la libertad de movimiento, la maniobra de Kristeller o la episiotomía rutinaria, entre otras. Hasta la fecha, no existen escalas validadas que permitan detectar la violencia obstétrica en la atención de salud. Método: Se evaluó la fiabilidad (coeficientes alfa y omega) y se aportaron pruebas de validez (análisis factorial confirmatorio) de una escala de VO. La muestra incluyó a 367 mujeres adultas de la región de Valparaíso (Chile) que habían tenido al menos un parto. Conclusión: La escala de VO es un instrumento fiable y válido para la detección de este tipo específico de violencia contra las mujeres.
Michelle Sadler, Gonzalo Leiva, Ibone Olza
The COVID-19 pandemic has challenged health systems globally, requiring rapid adaptations. Over the past decade, the issue of abuse and disrespect during childbirth has gained recognition as a form of gender-based violence embedded in biomedical systems. WHO’s 2018 recommendations emphasized the importance of the experience of care in ensuring high-quality, woman-centred childbirth. Despite progress, childbirth practices that lack scientific evidence remain entrenched. The pandemic has exposed the fragility of women’s rights in maternity care, with harmful practices re-emerging under the guise of emergency responses. Rather than protecting against COVID-19, these violations reflect structural gender discrimination. It remains uncertain whether these regressions will be temporary, but there is concern that the pandemic will hinder progress toward positive birth experiences for women, newborns, and families worldwide.


