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Desde Project IPOV RESPECTFULCARE, financiado por el Programa Horizonte Europa de la Unión Europea (HORIZON-MSCA-2022-Staff Exchange), queremos contribuir a la comprensión de la dimensión de género en los proyectos MSCA. Esta cuestión constituye uno de los ejes centrales de nuestro proyecto.
La Comisión Europea promueve activamente la igualdad de oportunidades en los equipos de investigación y fomenta el equilibrio de género en los procesos de toma de decisiones. Esto implica que los equipos de investigación y de gestión de proyectos deben estar formados por un número equilibrado de mujeres y hombres, y que en sus paneles de evaluación se garantice la participación de expertas y expertos de ambos sexos.
Sin embargo, la igualdad no se limita únicamente a la composición de los equipos. Es fundamental integrar también el análisis de género y sexo en el propio contenido de la investigación. A esto se le denomina la dimensión de género en la investigación y la innovación.
¿Por qué es importante tener en cuenta la dimensión de género?
Incorporar una perspectiva de género en la investigación, cuando sea relevante, mejora la calidad científica y la pertinencia social de los resultados.
Ignorar las diferencias de género puede llevar a desperdiciar tiempo y recursos, perpetuando errores y sesgos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando en ciencias de la salud, transporte o políticas de bienestar se parte de un modelo “ciego al género”, utilizando al varón como norma representativa de toda la población adulta.
Este sesgo limita seriamente la comprensión real de los fenómenos que se estudian.
Ampliar la mirada e integrar la dimensión de género no solo es un acto de justicia social: también contribuye al bien común y mejora el bienestar colectivo.
Al preparar un proyecto de investigación, se anima a los equipos a pensar de forma creativa y a explorar nuevas perspectivas.
Atreverse a investigar aspectos tradicionalmente invisibilizados por razones de género puede abrir nuevas líneas de conocimiento y revelar problemas que habían pasado desapercibidos.
La dimensión de género ofrece un gran potencial, incluso en ámbitos que podrían parecer, a simple vista, neutrales, como el transporte o el cambio climático.
Por ejemplo:
- Durante muchos años, los automóviles fueron probados únicamente con maniquíes de prueba masculinos en los ensayos de choque, ignorando los riesgos específicos de lesiones para las mujeres.
- Se ha demostrado que las mujeres son más vulnerables que los hombres a los efectos del cambio climático, ya que constituyen la mayoría de las personas en situación de pobreza a nivel mundial y dependen en mayor medida de recursos naturales que escasean con el cambio climático.
Estos ejemplos ilustran cómo tanto el sexo (características biológicas) como el género (factores socioculturales) son determinantes importantes en la investigación.
Cuando abordamos la dimensión de género, es necesario diferenciar entre sexo y género, pero también entender que sus interacciones son complejas y están profundamente entrelazadas.
Reconocer cómo influyen el sexo y el género en la cultura y en la sociedad es esencial para una investigación más eficaz, más completa y más socialmente relevante.
Si bien puede requerir recursos y tiempo adicionales, integrar esta perspectiva es una herramienta poderosa para cuestionar estereotipos, visibilizar desigualdades y atender mejor las necesidades diferenciadas de mujeres, hombres y personas no binarias.
¿La dimensión de género es aplicable a tu investigación?
Te invitamos a reflexionar a través de algunos ejemplos:
En Karlskoga (Suecia) se evidenció que la planificación del deshielo de las calles no era neutral desde el punto de vista de género: se daba prioridad a la limpieza de las grandes vías para automóviles, mientras que las aceras, los carriles bici y las paradas de autobús quedaban en un segundo plano.
Sin embargo, los estudios mostraron que las mujeres caminan, utilizan el transporte público y se desplazan en bicicleta con mayor frecuencia que los hombres.
Al reorganizar el orden de limpieza para priorizar a peatones, ciclistas y usuarios del transporte público, el municipio no solo mejoró la accesibilidad para toda la población —incluyendo a personas con carritos de bebé, movilidad reducida, niñas y niños—, sino que también logró reducir los costes asociados a accidentes y lesiones por caídas.
En muchas regiones del mundo, las mujeres y las niñas asumen la responsabilidad principal de recolectar agua para sus familias.
La falta de acceso cercano a agua potable obliga a dedicar gran parte de su tiempo a esta tarea, limitando seriamente su acceso a la educación y a oportunidades económicas.
Numerosos proyectos de desarrollo que ignoraron esta realidad fracasaron en sus objetivos.
En cambio, aquellos que involucraron de manera activa a las mujeres en el diseño y la gestión de las soluciones lograron mejorar el acceso al agua, incrementar la escolarización de las niñas y ampliar las oportunidades de generación de ingresos para las mujeres adultas, contribuyendo así a romper el ciclo de la pobreza.
Violencia obstétrica, salud reproductiva y derechos humanos
Desde IPOV RESPECTFULCARE, también queremos destacar que comprender la dimensión de género en la investigación implica reconocer formas específicas de violencia basadas en el género, como la violencia obstétrica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su declaración “La prevención y eliminación de la falta de respeto y el abuso durante la atención del parto en los centros de salud”, establece que el maltrato durante el parto viola derechos fundamentales:
el derecho a una atención respetuosa, a la vida, a la salud, a la integridad corporal y a la no discriminación.
El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, en su informe de 2019 ante la Asamblea General (“Un enfoque basado en derechos humanos para el maltrato y la violencia contra las mujeres en los servicios de salud reproductiva”), definió la violencia obstétrica como una forma de violencia de género que ocurre en contextos de desigualdad estructural, discriminación y patriarcado, derivada de la falta de educación, formación y respeto hacia la igualdad de derechos de las mujeres.
El Parlamento Europeo, en su resolución del 24 de junio de 2021 sobre “La situación de la Salud Sexual y Reproductiva y los Derechos (SRHR) en la UE”, también reconoció la violencia obstétrica como una manifestación específica de violencia de género y reforzó que los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos fundamentales.
Pese a las limitaciones impuestas por el artículo 168.7 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea —que establece que la salud es competencia nacional—, el Parlamento anima a los Estados miembros a avanzar hacia políticas más homogéneas que garanticen la seguridad y la dignidad en los servicios de salud reproductiva.
La violencia obstétrica puede, por tanto, entenderse como una violación de derechos humanos que implica violencia de género, violencia institucional y atentados contra la autonomía reproductiva y la salud.
Te invitamos a reflexionar sobre cómo sexo y género pueden influir en los resultados de tu propio trabajo.
Incluir la dimensión de género no debe verse como un requisito burocrático ni relegarse al final del proceso:
debe estar presente desde el diseño inicial y durante todo el desarrollo del proyecto.
Si estás solicitando una ayuda MSCA o participas en un proyecto de Horizonte Europa, recuerda: la dimensión de género se evalúa dentro del criterio de excelencia.
Incorporarla no solo mejora la calidad científica de tu investigación y tu impacto social, sino que también puede ser un factor diferencial frente a otras propuestas.
Una investigación más inclusiva no es solo más justa:
es mejor ciencia.

