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octubre 13, 2025.
Algunas reflexiones iniciales sobre la arrogancia epistémica, la humildad epistémica y la violencia obstétrica
Gabriela Arguedas
Es profesora en la Escuela de Filosofía e investigadora en el Centro de Investigación y Estudios de la Mujer (CIEM) de la Universidad de Costa Rica.
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Investigar la violencia obstétrica: desafíos y oportunidades
Durante mi estancia en el INED, me encontré reflexionando sobre cómo las dinámicas de conocimiento y poder en la atención obstétrica pueden dañar o sanar. Motivada por las conversaciones con mis colegas Virginie Rozee y Lucile Faivre en el INED, comencé a examinar qué significa abordar la práctica obstétrica desde la arrogancia epistémica o desde la humildad epistémica. En las líneas que siguen, analizo cómo estas actitudes epistémicas —la arrogancia y la humildad— se manifiestan en la atención a la maternidad y cómo pueden contribuir a la violencia obstétrica o, por el contrario, ayudar a prevenirla.
Entre los temas que me han suscitado mayor reflexión se encuentran:
- Cómo conceptualizar la violencia obstétrica
- Las posibles relaciones entre la violencia obstétrica y la morbilidad y mortalidad materna
- Las dificultades de generar datos cuantitativos sobre la violencia obstétrica
Aunque puedan parecer cuestiones distintas, están profundamente interrelacionadas y comparten raíces comunes.
Quisiera subrayar que investigar un fenómeno tan reciente y conceptualmente fluido como la violencia obstétrica resulta sin duda un reto. Su definición aún está en construcción y sus fronteras son porosas. Sin embargo, esta misma condición ofrece una oportunidad única para cuestionar ideas, prácticas y métodos profundamente arraigados en la estructura de disciplinas como las ciencias de la salud. Muchas de estas suposiciones están tan normalizadas que se han vuelto casi invisibles.
La arrogancia epistémica en la investigación y la práctica sanitaria
A mi juicio, una de las actitudes problemáticas incrustadas en la investigación y la práctica sanitaria es la arrogancia epistémica. Esto no implica que los profesionales de la salud o los investigadores actúen con intención consciente de ser arrogantes o desdeñosos hacia otros saberes; rara vez es así. Más bien, debido a factores históricos y sociológicos complejos, persiste una jerarquía del conocimiento en la que se valora mucho más el saber proveniente de las llamadas “ciencias duras” que el de las ciencias sociales o las humanidades.
Además, las ciencias de la salud —y en particular la profesión médica— han gozado de un largo privilegio social y simbólico. Este se remonta siglos, incluso milenios atrás, a épocas en las que el poder de sanar estaba estrechamente vinculado a la autoridad divina.
En esencia, la arrogancia epistémica consiste en creer que el propio conocimiento (o el conocimiento que se considera válido) es suficiente y que nada relevante puede aprenderse de campos que uno no comprende o no respeta. Dicho de otro modo, esta actitud no solo impide tender puentes entre disciplinas, sino que puede incluso destruir los que ya existen.
Consecuencias de la arrogancia epistémica
El problema de la arrogancia epistémica no es únicamente que pueda generar injusticia epistémica, sino también que puede conducir a un razonamiento científico defectuoso. La vida, la sociedad y los individuos son profundamente complejos, y resulta imposible comprenderlos en toda su dimensión desde una única perspectiva. Necesitamos conectar diferentes fragmentos de información —a menudo expresados en “lenguajes” muy distintos (por ejemplo, el de las matemáticas frente al de la historia)—, y esa tarea está lejos de ser sencilla.
Permanecer dentro de los límites de un solo campo es más cómodo, pero resolver problemas complejos exige construir puentes entre disciplinas y apoyar a quienes actúan como vínculos entre distintos mundos del conocimiento. Por ello, durante el siglo XX, la investigación interdisciplinaria y transdisciplinaria cobró tanta importancia. De hecho, la cooperación entre campos científicos ha permitido descubrimientos e innovaciones tecnológicas extraordinarias.
Sin embargo, la separación entre las ciencias de la vida y las ciencias sociales sigue siendo problemática. La arrogancia epistémica perpetúa el estereotipo de que los datos cualitativos son menos importantes o menos relevantes que los cuantitativos, y que solo la evidencia numérica puede persuadir a los gobiernos para aplicar determinadas políticas públicas.
En el contexto de la violencia obstétrica, esta arrogancia contribuye a desestimar la información derivada de los relatos personales de las mujeres sobre sus experiencias en los servicios de salud durante el embarazo, el parto y el posparto.
Violencia obstétrica: un concepto complejo con efectos duraderos
La violencia obstétrica es un concepto complejo, y el trabajo de definirlo y comprenderlo apenas está comenzando. Medirla o captarla en un único indicador cuantitativo resulta sumamente difícil, y su uso incluso en contextos jurídicos plantea desafíos. Aun así, las dos palabras que la nombran —violencia obstétrica— se han convertido en un vehículo cada vez más poderoso para articular experiencias que las mujeres de todo el mundo han vivido durante el embarazo y el nacimiento, experiencias que con frecuencia dejan consecuencias duraderas.
Adoptar la humildad epistémica
Superar la arrogancia epistémica y fomentar la curiosidad que requiere toda investigación científica exige cultivar la virtud de la humildad epistémica. Esto significa reconocer que, por mucho que una persona sepa, es imposible saberlo todo. Más aún, implica admitir que no se puede comprender lo que otra persona ha vivido sin escuchar su relato.
La humildad epistémica es indispensable para desarrollar una actitud abierta y libre de prejuicios frente a la escucha. Tal actitud es urgente en la investigación y la práctica sanitaria para abrir un diálogo más horizontal en torno al concepto de violencia obstétrica: un concepto difícil, complejo y aún en evolución, pero sin duda necesario y útil.

