Third Consortium Meeting of the European project IPOV – RESPECTFUL CARE
diciembre 3, 2025Obstetric violence and the judicialisation of maternal health rights violations in Mexico
diciembre 9, 2025VIH, Género y Parto Respetado
Desmantelar el estigma y garantizar derechos en la atención perinatal
“Cuando la ciencia avanza y el estigma permanece, la Violencia se hace invisible…”
Authors
- Dra. Laura, Abojer, Jefa de Serv de Obstetricia *
- Dr. Javier De Cicco; Jefe de guardia, Embarazos de alto riesgo *
- Obst. Nury Benavides, Partera de guardia, Coordinadora de PIM *
Institución
* Hospital Materno Infantil de San Isidro. Buenos Aires, Argentina
San Isidro, Buenos Aires, Argentina
December 2025

Resumen
A pesar de los importantes avances biomédicos que han transformado el VIH en una condición crónica controlable, muchas mujeres y personas gestantes continúan enfrentando discriminación en los servicios obstétricos. El parto, lejos de ser un espacio neutral, reproduce con frecuencia estigmas y prejuicios históricos sobre la sexualidad, la maternidad y el riesgo. Este artículo aborda, desde una perspectiva de género y derechos humanos, cómo se expresan estas violencias en la atención perinatal, cómo impactan emocional y clínicamente en las mujeres que viven con VIH, y qué transformaciones institucionales y culturales son necesarias para construir un modelo plenamente respetuoso e inclusivo.
1. Introducción: VIH, desigualdades y el desafío del parto respetado
El VIH no puede comprenderse exclusivamente como un fenómeno biomédico: su historia está profundamente entrelazada con desigualdades de género, pobreza, estigmatización sexual y exclusión social. Para muchas mujeres, el diagnóstico significa cargar con supuestos morales sobre su vida privada, su capacidad de maternar y su responsabilidad en el cuidado de otros. Estas narrativas, que forman parte de un imaginario colectivo aún vigente, se cuelan en la escena del parto y condicionan la manera en que profesionales y sistemas de salud se relacionan con ellas. En un contexto donde el parto respetado se concibe como un derecho humano fundamental —ligado a la dignidad, la autonomía reproductiva y la no discriminación—, la persistencia del estigma ligado al VIH se convierte en un obstáculo serio para garantizar prácticas justas y humanizadas.
2. Estigma y discriminación en la atención obstétrica: una violencia que opera de múltiples maneras
Muchas de las violencias que atraviesan estas mujeres no son espectaculares ni explícitas, sino que se manifiestan de manera sutil: en el tono de voz, en la falta de información clara, en decisiones clínicas impuestas sin espacio para preguntas, en el distanciamiento del personal, en miradas que transmiten desconfianza o temor. La violencia obstétrica, entendida como la vulneración de la autonomía, del consentimiento informado, de la privacidad y del trato digno, adquiere características específicas cuando la persona gestante vive con VIH. La sospecha constante, el moralismo, la infantilización y la imposición de protocolos rígidos se convierten en mecanismos de control que silencian la voz de la mujer y reducen su protagonismo en un momento en el que el respeto a su agencia corporal debería ser central.
Estas formas de discriminación no surgen en el vacío: se nutren de prejuicios de género que asocian la maternidad a pureza, obediencia y responsabilidad, y del imaginario persistente de que el cuerpo que vive con VIH es “peligroso” para el entorno. A esto se suma la desigualdad estructural, que afecta sobre todo a mujeres jóvenes, pobres y/o migrantes, quienes suelen recibir un trato más punitivo por parte del sistema de salud.
3. Evidencia biomédica contemporánea y persistencia de prácticas que ya no se justifican
Los avances científicos han modificado de manera radical el escenario perinatal. Con tratamiento antirretroviral y carga viral indetectable, la transmisión vertical del VIH es menor al 1%, y en estos casos el parto vaginal es completamente seguro. La cesárea solo se indica cuando la carga viral es detectable o el seguimiento clínico ha sido insuficiente. Sin embargo, estas recomendaciones no siempre se reflejan en las prácticas cotidianas. En muchos hospitales persiste una sobreactuación del riesgo que conduce a intervenciones innecesarias, restricciones arbitrarias del acompañamiento, separaciones injustificadas del recién nacido y decisiones que se presentan como incuestionables, aun cuando contradicen las guías actuales.
La brecha entre evidencia y práctica revela un fenómeno más profundo que la simple falta de actualización: muestra cómo el estigma persiste incluso cuando la ciencia ya no lo avala. La discriminación se disfraza de prudencia, la desconfianza se camufla de “protocolos”, y el miedo histórico continúa moldeando acciones que deberían sustentarse en derechos y conocimiento.
4. La lactancia como escenario privilegiado de violencia simbólica
La lactancia constituye uno de los momentos en que la violencia simbólica se expresa con mayor claridad. Durante décadas, la prohibición absoluta de amamantar se aplicó sin matices, aun cuando los contextos epidemiológicos, la disponibilidad de antirretrovirales y las condiciones sociales de las madres variaban enormemente. Muchas mujeres relatan que esta prohibición, comunicada de manera vertical y sin sensibilidad, fue vivida como un acto profundamente doloroso, como si su cuerpo encarnara un peligro para su hijo o hija. La culpa y la vergüenza se suman, en estos casos, a la angustia del posparto, configurando experiencias que dejan huellas emocionales duraderas.
En la actualidad, diversos países están revisando estas normativas. En contextos donde existe acceso sostenido a tratamiento y posibilidad de seguimiento clínico cercano, se promueve la idea de una lactancia informada y acompañada, en la que la mujer pueda tomar decisiones en función de su realidad, sus deseos y las recomendaciones de su equipo. Lo esencial no es imponer una práctica, sino garantizar que la información sea clara, que la madre esté sostenida y que su autonomía sea respetada. Prohibir de manera automática, sin evaluar cada situación, constituye una forma de violencia obstétrica que vulnera derechos reproductivos fundamentales.
5. Hacia un nuevo modelo de atención respetuosa, inclusiva y libre de estigma
Erradicar la violencia obstétrica contra mujeres que viven con VIH requiere transformar no solo protocolos, sino también culturas institucionales y representaciones profesionales. Los equipos de salud necesitamos una formación continua que articule evidencia biomédica con perspectiva de género, ética del cuidado y derechos humanos. La comprensión del riesgo debe abandonarse como lógica punitiva para volverse una herramienta compartida: un análisis que se construye con la mujer, no sobre ella. Las prácticas deben favorecer la privacidad, la confidencialidad, la presencia del acompañante, la toma de decisiones compartida y el respeto por los tiempos y deseos de la persona gestante.
A su vez, las instituciones deben asumir un compromiso explícito con la no discriminación, generando ambientes laborales donde el estigma sea identificado, nombrado y desafiado. Los observatorios de buenas prácticas, los comités restaurativos y los sistemas de evaluación participativa pueden ser dispositivos valiosos para promover reflexiones colectivas, corregir desvíos y construir una atención más humana y justa.
6. Conclusión: “Un parto respetado que incluya a todas las mujeres”
Cuando hablamos de parto respetado, hablamos de un derecho que no admite excepciones. Las mujeres y personas gestantes que viven con VIH han enfrentado históricamente un doble juicio: el del virus y el de la moralidad. Erradicar la violencia obstétrica en este contexto implica desarmar prejuicios, cuestionar miedos heredados y devolver a cada mujer el protagonismo que le corresponde en el proceso de nacimiento. Significa, también, reconocer que la ciencia ya no justifica muchas de las prácticas excluyentes del pasado, y que la ética de los derechos humanos nos exige una atención respetuosa, inclusiva y basada en la dignidad.
Un modelo obstétrico verdaderamente humanizado solo existe cuando nadie queda por fuera. Garantizar un parto respetado para las mujeres que viven con VIH no es un gesto de buena voluntad: es una obligación sanitaria y moral. Es, en última instancia, una apuesta por una sociedad que valora la vida, la justicia y la igualdad desde el mismo momento del nacimiento.
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El cuerpo sabe, el espacio acompaña Hospital Municipal Materno-Infantil de San Isidro (HMMISI), ArgentinaNoviembre de 2025 Autores Dra. Laura Abojer, jefa del Servicio de Obstetricia, HMMISI Dr. Guillermo Javier De Cicco, jefe de Guardia; atención de embarazos de alto riesgo, HMMISI Obstétrica Nury S. Benavides, partera de guardia; a cargo del PIM, HMMISI Lic. Ivana Iriarte, Licenciada en Comunicación, puericultora y doula; a cargo del Servicio de Lactancia, HMMISI InstituciónHospital Municipal Materno-Infantil de San Isidro (HMMISI) Relato de una transformación del modelo de atención obstétrica desde San Isidro Nuestra historia institucional no es muy distinta a la de la mayoría…

