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Desde IPOV, una reflexión urgente sobre el presente y el futuro del cuidado obstétrico. Formación ética, memoria perinatal, escucha entre colegas y transformación institucional: el equipo de San Isidro traza en este ensayo una ruta hacia buenas prácticas que pongan en el centro la dignidad de quienes paren y de quienes acompañan.
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Autores:
- Dra. Laura Abojer
Jefa del servicio de obstetricia - Dr. Javier De Cicco
Médico obstetra especialista en embarazo de alto riesgo y jefe de guardia - Lic. Ivana Iriarte
Puericultora y doula
Lic. en ciencias de la comunicación - Lic. Nury Benavides
Obstétrica de guardia y coordinadora del PIM
Institución
Hospital Materno Infantil de San Isidro
Buenos Aires, Argentina

En el marco del Midterm Meeting del Proyecto IPOV, desarrollado en Tarragona durante el mes de Junio 2025; el grupo de trabajo IPOV San Isidro, a partir de una conversación colectiva entre todos los investigadores allí presentes, generó este ensayo en el cual emergen reflexiones potentes sobre lo que denominamos buenas prácticas obstétricas. Las buenas prácticas obstétricas, no se tratan únicamente de procedimientos correctos o protocolos actualizados. El término se amplía y se profundiza cuando lo abordamos desde una visión integral, situada y comprometida con la transformación de las instituciones.
Uno de los puntos clave es el reconocimiento de experiencias colectivas que, sin estar sistematizadas o institucionalizadas aún, ya trazan un camino de buenas prácticas. En contextos como Argentina o Uruguay —países con fuertes desigualdades, pero también con una rica tradición de activismo perinatal—, las buenas prácticas emergen de abajo hacia arriba: nacen del hacer cotidiano, del vínculo con las usuarias, de los cuidados entre colegas, de la palabra que circula y de la memoria de quienes paren y de quienes acompañan.
Se mencionó el caso de centros de nacimiento como Casa Laietània en Catalunya, que generan referencia incluso en países donde aún no existen estos espacios. Es decir, se observa un movimiento de ida y vuelta: lugares que inspiran y profesionales que, aunque inmersos en sistemas adversos, encuentran maneras de hacer bien las cosas. A veces son pequeñas acciones, a veces son estructuras enteras que se levantan con esfuerzo, pero siempre dejan huella.
Un eje recurrente es la formación continua no solo como adquisición de saber técnico, sino como espacio de transformación ética. Las buenas prácticas implican también un proceso de revisión profunda de nuestras propias visiones, de nuestras prácticas arraigadas, de nuestras heridas profesionales, de los silencios institucionales.
En este punto, por ejemplo, la muerte perinatal aparece como una gran ausente en la formación. Y no se trata únicamente de cómo acompañar a una mujer que atraviesa una pérdida gestacional —aunque eso ya requiere sensibilidad y preparación—, sino también de cómo se acompañan entre sí los equipos profesionales. ¿Qué pasa con la matrona que recibe un bebé sin vida? ¿Con la obstetra que debe comunicar la noticia? ¿Con la enfermera o la psicóloga que siguen atendiendo a esa familia en las horas y días posteriores?
Este testimonio colectivo propone que si no trabajamos el impacto de la muerte con los profesionales, ese dolor no transformado termina filtrándose en la atención a las mujeres. Las buenas prácticas, entonces, no solo se dirigen a las usuarias, sino que deben incluir el cuidado de quienes cuidan. Es aquí donde se cruza la dimensión clínica con la emocional, la pedagógica con la institucional, lo ético con lo político.
Una frase clave resuena en el relato: “No podemos actuar como si el problema fuera del otro, también somos parte.” Esta autoconciencia profesional —difícil, pero indispensable— es quizás uno de los indicadores más claros de que se está transitando una verdadera buena práctica.
Porque las buenas prácticas no son únicamente aquellas que previenen episiotomías innecesarias o promueven el contacto piel con piel. Son también aquellas que cuestionan jerarquías, abren espacios de escucha, sostienen a las colegas cuando el dolor irrumpe y permiten que la palabra circule, incluso cuando se trata de hablar de la muerte.
Desde IPOV, seguimos pensando que otro modelo obstétrico no solo es posible, sino que ya está en marcha. Y este tipo de conversaciones, honestas y abiertas, son el mejor testimonio de que el cambio real comienza por mirarnos como parte del entramado que queremos transformar.




