Birthing Bodies, Transformative Voices
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agosto 16, 2025Comités de Violencia Obstétrica en hospitales: entre la institucionalidad y la práctica viva
Una confrontación entre dos relatos desde un Hospital Público de 3º nivel en Barcelona
Barcelona, Julio 2025
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Autores:
- Dra. Laura Abojer
Jefa del servicio de obstetricia - Dr. Javier De Cicco
Médico obstetra especialista en embarazo de alto riesgo y jefe de guardia - Lic. Ivana Iriarte
Puericultora y doula
Lic. en ciencias de la comunicación
Institución
Hospital Materno Infantil de San Isidro
Buenos Aires, Argentina

En el marco del proyecto IPOV, que busca documentar e impulsar experiencias que combatan la violencia obstétrica, se recogen aquí dos testimonios provenientes de un hospital público de Barcelona: el primero, una sistematización institucional que narra la creación del Comité de Violencia Obstétrica desde la voz de varias matronas asistenciales; el segundo, una entrevista reciente y en profundidad con una matrona referente que ofrece una mirada situada, sensible y crítica del funcionamiento actual del comité. Confrontar ambos materiales no implica contraponer, sino poner en diálogo dos niveles de análisis: el de la política institucional declarada y el de la práctica cotidiana encarnada.
El origen: deseo, impulso y profesionalismo
Ambas versiones coinciden en señalar que el comité no fue impuesto desde las esferas superiores del hospital, sino que nació del impulso de profesionales —principalmente matronas— que, sensibilizadas en jornadas previas sobre violencia obstétrica, vieron la necesidad de crear un espacio de escucha, análisis y cuidado institucional. El relato más reciente aporta un matiz interesante: la figura de una profesional que, tras asistir a unas jornadas en Can Ruti, imaginó que, si algún día era jefa, implementaría una comisión. La decisión no fue solo técnica, fue también deseo y promesa.
La composición: ¿quiénes están dentro y quiénes quedan fuera?
Ambos documentos reconocen una integración mayoritariamente intrainstitucional: jefa de servicio, matronas, médicos adjuntos, residentes médicos, enfermeras y representantes de atención ciudadana. No hay usuarias, ni agentes comunitarios ni referentes externos. La entrevista señala esta ausencia como una deuda pendiente: abrir el espacio a colectivos como El Parto es Nuestro podría democratizar los saberes y tensar creativamente las decisiones. La idea está, pero aún no se concreta.
Las categorías: ¿qué se considera violencia obstétrica?
Aquí aparece una divergencia importante. La visión institucional asistencial parece acotar la categoría de violencia obstétrica a situaciones claramente disruptivas o traumáticas. En cambio, la entrevista muestra cómo experiencias de malestar, falta de información o desatención emocional muchas veces no son consideradas y no se clasifican como violencia obstétrica, aunque se reconozca su carácter problemático. La matrona entrevistada insiste en que esas situaciones, aunque no se etiqueten formalmente como VO, son discutidas en reuniones para generar aprendizaje interno. Pero esta diferencia en la categorización puede ser una trampa: lo que no se nombra como violencia no se repara del todo.
Modalidades de escucha y devolución
Ambas fuentes destacan la existencia de buzones de reclamos, la posibilidad de enviar correos electrónicos o hablar directamente con referentes del comité. La entrevista aporta detalles clave sobre la forma en que se gestionan estos reclamos: se omiten los nombres de los profesionales involucrados para evitar señalamientos directos, pero se garantiza la devolución a la mujer. A veces, incluso, se organizan encuentros presenciales con atención ciudadana y los profesionales implicados. En estos espacios, la escucha activa, la explicación y el pedido de disculpas aparecen como dispositivos simbólicos de reparación. La honestidad, incluso cuando se trata de errores humanos derivados de contextos personales difíciles, genera agradecimiento en las usuarias. Esta dimensión ética no aparece tan claramente en el relato de las matronas asistenciales.
Formación y sensibilización del equipo
La formación en habilidades no técnicas —como la empatía, la gestión emocional y la comunicación— es otro punto fuerte. La entrevista aporta un relato conmovedor sobre una formación en duelo perinatal con simulaciones teatrales. Este enfoque innovador no solo mejora la calidad del acompañamiento, sino que permite abrir espacios de reflexión sobre lo que no se enseña en la medicina tradicional. En la recopilación del relato de las matronas asistenciales, se menciona dicha formación, pero sin el detalle y la carga afectiva que transmite la experiencia vivida.
Indicadores y tensiones institucionales
Ambos relatos coinciden en señalar la ausencia de indicadores sistemáticos para medir el impacto del comité. Sin embargo, la entrevista aporta una alerta fundamental: el sistema de incentivos por “no tener reclamos” puede generar una cultura del silenciamiento más que de transformación. Esto muestra la ambivalencia de algunas estrategias institucionales que, en lugar de enfatizar la mejora continua, premian la invisibilización del conflicto.
Conclusión: escuchar las voces, revisar los marcos
Poner en diálogo estas dos voces —la mirada de las matronas asistenciales y la de la matrona referente, que habita el día a día del comité— permite visibilizar avances y dificultades. Por un lado, se reconoce la potencia transformadora de este espacio, que ha abierto canales de escucha, formación y reflexión. Por otro, se revelan los límites estructurales de una institucionalidad que aún no incorpora a representantes de la comunidad a dicho comité, que nombra con tibieza el término violencia obstétrica y que mide los resultados con cierta lógica de productividad.



