Justicia restaurativa como estrategia transformadora frente a la violencia obstétrica
julio 14, 2025Buenas Prácticas Obstétricas – Una reflexión colectiva desde IPOV
agosto 2, 2025Repensar la Definición de Violencia Obstétrica: Reflexiones desde una Perspectiva Colectiva y Regional
Barcelona, Julio 2025
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Autores:
- Dra. Laura Abojer
Jefa del servicio de obstetricia - Dr. Javier De Cicco
Médico obstetra especialista en embarazo de alto riesgo y jefe de guardia - Lic. Ivana Iriarte
Puericultora y doula
Lic. en ciencias de la comunicación - Lic. Nury Benavides
Obstétrica de guardia y coordinadora del PIM
Institución
Hospital Materno Infantil de San Isidro
Buenos Aires, Argentina

Introducción
Definir es establecer límites, seleccionar un marco conceptual y, en cierto sentido, decidir qué entra y qué queda fuera. En el contexto de la violencia obstétrica, este acto de definir no es neutral: implica posicionamientos políticos, epistemológicos y éticos. A partir de las experiencias y discusiones colectivas en el marco del proyecto IPOV, surgió la necesidad de repensar qué significa “definir” este fenómeno. Esta reflexión se desarrolló específicamente durante la semana del midterm meeting, celebrada en Tarragona, España, donde participantes de distintas regiones y disciplinas compartieron perspectivas, inquietudes y propuestas en torno a la violencia obstétrica y sus múltiples dimensiones.
En lugar de simplemente adoptar una definición existente, el grupo propuso una aproximación reflexiva, abierta y situada para orientar futuras definiciones adaptadas al contexto del proyecto. La intención no fue llegar a una definición cerrada e inflexible, sino generar herramientas críticas que permitan pensar colectivamente desde los territorios y las experiencias concretas.
La multiplicidad de definiciones y la importancia del proceso
En primer lugar, se reconoció que existen múltiples definiciones de violencia obstétrica, provenientes de disciplinas, regiones y marcos normativos distintos. Esta diversidad refleja tanto la complejidad del fenómeno como las variadas realidades de las mujeres y personas gestantes. Por esta razón, se propuso no imponer una única definición rígida, sino ofrecer cinco puntos de consideración clave que sirvan como guía para pensar, elegir o construir definiciones situadas, útiles y éticamente comprometidas.
El propósito de una definición: visibilizar, empoderar, transformar
Uno de los propósitos fundamentales al definir la violencia obstétrica es visibilizar las voces y experiencias de quienes han vivido estas formas de violencia. Se trata de desnaturalizar prácticas normalizadas, empoderar a las mujeres, crear herramientas para la transformación institucional y generar espacios de diálogo y reflexión. La definición no es solamente un acto teórico, sino también una estrategia política y social para desafiar saberes médicos hegemónicos y autoritarios.
La necesidad de una perspectiva regional e interseccional
Una preocupación central del grupo fue la necesidad de construir definiciones que estén informadas por los contextos locales y regionales. Si bien el concepto de violencia obstétrica ha tenido un desarrollo significativo en América Latina, también es necesario pensar cómo puede ser contextualizado en otras regiones, como Europa. En ese sentido, se reconoció la importancia de la diversidad de perspectivas (países, profesiones, culturas) y se propuso avanzar hacia definiciones regionales, sin perder de vista una perspectiva global de derechos.
Asimismo, se enfatizó la importancia de considerar la interseccionalidad: la violencia obstétrica no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Factores como edad, raza, etnia, clase social, nacionalidad, situación migratoria, discapacidad, orientación sexual, identidad de género o religión moldean las experiencias de discriminación y maltrato.
La discusión sobre el continuo de la violencia y la inclusión del neonato
Una de las discusiones más complejas surgió en torno al “continuum” de la violencia. Por un lado, se propuso entender la violencia obstétrica como parte de un continuo más amplio de violencias de género. Por otro lado, se debatió si este continuum debía incluir al neonato, lo que abrió una serie de interrogantes éticos y políticos: ¿Los derechos del bebé pueden o deben considerarse dentro de la violencia obstétrica? ¿Cómo evitar que su inclusión borre o relativice la autonomía de la mujer?
Algunas voces alertaron sobre el uso del discurso de los derechos del neonato como herramienta contra los derechos reproductivos de las mujeres, especialmente en debates sobre aborto o parto respetado. Sin embargo, también se planteó que el desarrollo de un concepto como violencia neonatal podría ser útil para visibilizar otras formas de maltrato institucional sin comprometer los derechos de las mujeres.
El carácter dinámico y falsable de toda definición
Se destacó que cualquier definición debe tener un carácter dinámico y abierto a revisión. La noción de falsabilidad, tomada de la filosofía de la ciencia, fue utilizada para sostener que una definición debe poder ser cuestionada, modificada o incluso rechazada si deja de ser útil, justa o adecuada para los fines propuestos. La definición, entonces, debe ser una herramienta, no un dogma.
Desafíos políticos y jurídicos
Finalmente, se discutió el uso político y jurídico de las definiciones. Si se busca incidir en organismos internacionales o en la legislación de los países, es crucial considerar cómo se formula la definición. Por ejemplo, en Uruguay, la ley de violencia basada en género permitió incluir la violencia en procesos reproductivos como parte de la legislación, lo que habilitó trabajar con otras formas de violencia como la ejercida en abortos o en reproducción asistida.
Este punto revela la importancia de nombrar estratégicamente: incluir ciertos conceptos en definiciones puede abrir caminos legales y políticos, mientras que excluirlos puede cerrar puertas.
Conclusión
En vez de ofrecer una definición cerrada, este proceso colectivo apostó por una aproximación reflexiva, situada y en constante construcción. Se reconoció la necesidad de articular un núcleo común de elementos compartidos, desde el cual cada región, proyecto o movimiento pueda elaborar su propia definición contextualizada, sin perder de vista los derechos humanos y la transformación estructural de los sistemas de salud.
Definir es escoger, sí, pero también es un acto de cuidado, de escucha y de compromiso. Por eso, este trabajo no termina aquí. Es solo el inicio de un proceso colectivo de pensamiento, articulación política y acción transformadora.

