One-Day Jigsaw Workshop on (Dis)Respectful Maternity Care
mayo 11, 2026IPOV Roundtable for Human Rights in Childbirth
mayo 25, 2026Estética del nacimiento
y Violencia Obstétrica:
una lectura interdisciplinaria desde
el Arte, la Filosofía y la Medicina
“Si todo es arte, entonces el nacimiento es una de sus formas más radicales. Y como toda forma de arte, requiere tiempo, espacio, respeto Reconocer esto no es un lujo teórico, sino una urgencia ética y política.”

Autor:
Dr. Guillermo Javier De Cicco
Médico Obstetra/Ginecologo
Hospital Materno Infantil de San Isidro-Argentina.
(integrante grupo iPOV San Isidro-Argentina)
Introducción
El parto ha sido históricamente abordado por la medicina moderna como un evento biológico susceptible de control, medición e intervención. Este paradigma, consolidado a lo largo del siglo XX, ha contribuido a reducir significativamente la morbimortalidad maternofetal, pero al mismo tiempo ha generado un proceso de creciente medicalización que ha desplazado otras dimensiones fundamentales de la experiencia de parir. Entre ellas, la vivencia corporal, la percepción sensorial y la dimensión subjetiva del nacimiento han sido progresivamente invisibilizadas.
En este contexto, el concepto de violencia obstétrica emerge como una categoría crítica que permite visibilizar prácticas institucionales que vulneran la autonomía, la dignidad y la integridad de las personas gestantes. Sin embargo, gran parte de los análisis sobre violencia obstétrica han sido desarrollados desde marcos jurídicos, epidemiológicos o bioéticos, dejando relativamente inexplorada una dimensión clave: la dimensión estética del parto.
Este artículo propone un desplazamiento epistemológico: considerar el parto no únicamente como un evento clínico, sino como una experiencia estética en el sentido profundo del término. Es decir, como un proceso encarnado que involucra percepción, sensibilidad, temporalidad, espacialidad y producción de sentido. Desde esta perspectiva, el cuerpo que pare no es un objeto de intervención, sino un sujeto que atraviesa una experiencia intensiva comparable, en múltiples niveles, a los procesos de creación artística.
A partir de un enfoque interdisciplinario que articula medicina, filosofía, antropología y arte contemporáneo, este trabajo explora las resonancias entre prácticas artísticas centradas en el cuerpo —particularmente aquellas que abordan el dolor, la materia, la oscuridad y el límite— y la experiencia del parto fisiológico. En este sentido, la obra de artistas como Pierre Soulages, Ana Mendieta, Marina Abramović, Frida Kahlo y Louise Bourgeois ofrece un campo fértil para pensar el cuerpo no domesticado, la emergencia de lo invisible y la potencia de lo sensible.
Asimismo, se propone que la violencia obstétrica puede ser comprendida, en términos estéticos, como una interrupción del proceso perceptivo y corporal del parto. La imposición de ritmos externos, la fragmentación del cuerpo en órganos y funciones, y la hipervisibilización técnica constituyen no solo formas de control, sino también rupturas en la experiencia estética del nacimiento.
Finalmente, el artículo plantea la necesidad de avanzar hacia una obstetricia que reconozca y preserve la dimensión estética del parto, entendida como condición de posibilidad para una experiencia respetuosa, significativa y no violenta.
Además, el análisis contemporáneo de la violencia obstétrica requiere inscribirse en un marco conceptual que permita comprender el cuerpo no como un mero soporte biológico, sino como un territorio atravesado por relaciones de poder, saberes institucionales y prácticas culturales. En este sentido, la obra de Michel Foucault resulta particularmente relevante para entender cómo la medicina moderna ha operado como un dispositivo de control sobre los cuerpos, especialmente aquellos vinculados a la reproducción.
El cuerpo gestante puede ser entendido como un espacio de intervención biopolítica, en el cual se articulan prácticas de vigilancia, normalización y disciplinamiento. El parto, en este marco, deja de ser un proceso fisiológico autónomo para convertirse en un evento gestionado por protocolos, tecnologías y jerarquías profesionales. Este desplazamiento no es neutro: implica una transformación en la forma en que el cuerpo es percibido, fragmentado y gobernado.
En diálogo con estas perspectivas, los estudios antropológicos han señalado que el parto es también un hecho cultural. Las prácticas obstétricas no son universales ni neutrales, sino que están atravesadas por valores, creencias y estructuras sociales. La medicalización del nacimiento, característica de los sistemas de salud occidentales, ha tendido a invisibilizar saberes tradicionales y formas de acompañamiento centradas en el cuerpo y la experiencia.
En este cruce entre biopolítica, fenomenología y antropología, la violencia obstétrica puede ser comprendida como una forma específica de violencia institucional que se ejerce sobre el cuerpo gestante a través de la desposesión de su experiencia. No se trata únicamente de intervenciones innecesarias o prácticas inadecuadas, sino de una ruptura más profunda: la interrupción del vínculo entre el sujeto y su propio cuerpo.

El cuerpo que pare como “experiencia estética”
La noción de estética, en su sentido originario (aisthesis), remite a la percepción sensible. Antes de ser asociada con el arte, la estética se refiere a la capacidad de sentir, de experimentar el mundo a través del cuerpo. Desde esta perspectiva, el parto puede ser entendido como una experiencia estética, en cuanto proceso intensivo de percepción y transformación.
El trabajo de parto implica una serie de modificaciones progresivas en la percepción del cuerpo, del tiempo y del espacio. Las contracciones, lejos de ser meros eventos fisiológicos, configuran un ritmo que reorganiza la experiencia temporal. El tiempo del parto no es lineal ni homogéneo: es un tiempo expandido, a veces suspendido, en el que la repetición y la intensidad generan una forma particular de conciencia corporal.
Asimismo, el dolor en el parto, frecuentemente patologizado en el discurso médico, puede ser reconsiderado desde una perspectiva estética. No se trata de romantizar el sufrimiento, sino de reconocer que el dolor forma parte de una experiencia significativa que puede adquirir sentido en el marco de un proceso acompañado y respetado. En este sentido, el dolor del parto difiere de otros tipos de dolor: no es un síntoma de daño, sino parte de un proceso fisiológico que conduce a la emergencia de una nueva vida.
Esta dimensión estética del parto encuentra resonancias en los procesos de creación artística. En ambos casos, se trata de experiencias que implican transformación, intensidad y producción de algo nuevo. El cuerpo que pare, al igual que el cuerpo que crea, atraviesa estados límite en los que las categorías habituales de percepción se ven alteradas.
Reconocer el parto como experiencia estética implica, por tanto, desplazar la mirada desde el control hacia la vivencia. Supone habilitar un espacio en el que el cuerpo pueda desplegar su propio ritmo, sin ser constantemente interrumpido por intervenciones externas. En este sentido, la obstetricia respetuosa puede ser entendida como una práctica que preserva las condiciones necesarias para que esta experiencia tenga lugar.
El arte como lenguaje del cuerpo no domesticado
A lo largo de los siglos XX y XXI, diversas prácticas artísticas han explorado el cuerpo como territorio de experiencia, resistencia y transformación. Estas prácticas ofrecen un campo conceptual privilegiado para pensar el parto más allá de su dimensión biomédica.
La obra de Pierre Soulages, particularmente su exploración del “outrenoir”, propone una relación entre oscuridad y luz que resulta profundamente sugerente para pensar el nacimiento. En sus pinturas, el negro no es ausencia, sino condición de posibilidad para la emergencia de la luz. Esta inversión conceptual permite reconsiderar la oscuridad del cuerpo como un espacio fértil, en el que algo puede aparecer.
Por su parte, Ana Mendieta desarrolló una obra centrada en la relación entre cuerpo y naturaleza. Sus Siluetas, en las que el cuerpo se inscribe en la tierra, evocan una continuidad entre lo humano y lo natural que resuena con la experiencia del parto como proceso biológico y simbólico.
En el ámbito de la performance, Marina Abramović ha explorado los límites del cuerpo, el dolor y la resistencia. Sus trabajos ponen en evidencia la capacidad del cuerpo para atravesar experiencias extremas, así como la dimensión relacional de estas experiencias, en las que el otro —el público, el acompañante— juega un papel fundamental.
Asimismo, la obra de Frida Kahlo ofrece una representación íntima y visceral del cuerpo femenino, atravesado por el dolor, la enfermedad y la maternidad. Sus pinturas desestabilizan las representaciones idealizadas del cuerpo, mostrando su vulnerabilidad y su potencia.
Finalmente, Louise Bourgeois ha trabajado extensamente sobre la maternidad, la memoria y la psique. Sus esculturas, muchas veces inquietantes, exploran la ambivalencia de la experiencia materna, alejándose de visiones simplificadas o romantizadas.
En conjunto, estas prácticas artísticas permiten pensar el cuerpo no como un objeto que debe ser controlado, sino como un sujeto de experiencia. El arte, en este sentido, se constituye como un lenguaje capaz de expresar aquello que el discurso médico no logra capturar: la dimensión sensible, simbólica y afectiva del cuerpo que pare.
El nacimiento ocurre, en su dimensión más primaria, en un umbral. No se trata únicamente de un pasaje biológico —del interior al exterior—, sino de una transformación radical en la experiencia del cuerpo, del tiempo y del mundo. Este carácter liminal del parto ha sido ampliamente señalado por la antropología, que lo ubica dentro de los denominados “ritos de paso”, en los que el sujeto atraviesa un estado intermedio, ambiguo, en el que las categorías habituales se suspenden.
En este sentido, la noción de umbral permite pensar el parto como un espacio de indeterminación. Durante el trabajo de parto, el cuerpo gestante deja de responder a la lógica ordinaria del control consciente y se inscribe en un régimen distinto, más cercano a lo que algunas corrientes fenomenológicas han denominado “conciencia prerreflexiva”. La percepción se intensifica, el lenguaje se vuelve insuficiente y el cuerpo asume un protagonismo radical.
Es en este punto donde la obra de Pierre Soulages adquiere una resonancia particular. Su concepto de “outrenoir” —más allá del negro— propone una inversión de la relación tradicional entre luz y oscuridad. En lugar de concebir el negro como ausencia, lo plantea como un campo activo, capaz de generar luz a partir de su propia materialidad. Esta idea permite repensar la oscuridad del parto no como un espacio de peligro o ignorancia, sino como una condición necesaria para la emergencia de algo nuevo.
La medicalización del nacimiento ha tendido, sin embargo, a rechazar esta oscuridad. La iluminación constante, la exposición del cuerpo, la vigilancia tecnológica y la necesidad de visibilizar cada aspecto del proceso responden a una lógica de control que busca eliminar la incertidumbre. Pero esta eliminación de la sombra tiene un coste: la pérdida del umbral como espacio de transformación.
El parto requiere, en muchos casos, condiciones de semioscuridad, intimidad y resguardo. No se trata de una cuestión meramente ambiental, sino de una dimensión profundamente ligada a la fisiología y a la experiencia subjetiva. La inhibición de estímulos externos, la reducción de la exposición y la posibilidad de habitar un espacio protegido favorecen la liberación de hormonas clave en el trabajo de parto, como la oxitocina.
Desde esta perspectiva, la oscuridad no es un obstáculo, sino un medio. Un medio que permite al cuerpo desplegar su propia lógica, sin ser interrumpido por una mirada externa que lo fragmenta y lo convierte en objeto.
Violencia obstétrica como ruptura estética
Arquitectura, espacio y experiencia: el diseño como práctica obstétrica
El espacio en el que ocurre el parto no es un elemento neutro. Lejos de ser un simple contenedor, la arquitectura de las salas de nacimiento actúa como un dispositivo que modula la experiencia del cuerpo, condiciona las prácticas y configura relaciones de poder.
Los modelos hospitalarios tradicionales han privilegiado espacios diseñados desde una lógica funcional y técnica, orientados a la vigilancia y la intervención. La disposición del mobiliario, la iluminación intensa, la centralidad de la cama obstétrica y la presencia constante de tecnología refuerzan una concepción del parto como evento médico que requiere control.
Sin embargo, en las últimas décadas han surgido propuestas que buscan transformar estos espacios a partir de una mirada centrada en la experiencia. El diseño salutogénico, inspirado en el concepto de salutogénesis, propone crear entornos que favorezcan la salud y el bienestar, en lugar de centrarse exclusivamente en la prevención de la enfermedad.
En este marco, la experiencia desarrollada en el Hospital Materno Infantil de San Isidro constituye un ejemplo significativo. La creación de una sala de parto concebida como “la casita” implicó un desplazamiento en la forma de pensar el espacio: de un entorno clínico a un entorno habitable, íntimo y acogedor. Este cambio no fue meramente estético, sino profundamente conceptual.
La disposición de la luz, la posibilidad de movimiento, la presencia de elementos no medicalizados y la reducción de estímulos invasivos contribuyen a generar un ambiente en el que el cuerpo puede desplegar su propio ritmo. La arquitectura, en este sentido, se convierte en una herramienta terapéutica, capaz de acompañar el proceso en lugar de interferir en él.
Desde una perspectiva estética, el espacio de parto puede ser entendido como una extensión del cuerpo. La relación entre interior y exterior, entre cuerpo y entorno, se vuelve particularmente relevante en un momento en el que la percepción está intensificada. Un espacio hostil, frío o excesivamente expuesto puede dificultar el proceso, mientras que un entorno cuidado y respetuoso puede facilitarlo.
Asimismo, el diseño del espacio tiene implicaciones en la forma en que se ejerce el poder. La distribución jerárquica de los elementos, la posición del personal de salud y la accesibilidad a los dispositivos tecnológicos configuran relaciones que pueden favorecer o limitar la autonomía de la persona gestante.
Repensar la arquitectura del parto implica, por tanto, repensar la práctica obstétrica en su conjunto. No se trata únicamente de cambiar el entorno físico, sino de transformar la lógica que lo sustenta.
Hacia una obstetricia estética y ética
Conclusión
El parto, lejos de ser un evento exclusivamente biológico, constituye una experiencia compleja en la que se entrelazan dimensiones fisiológicas, perceptivas, simbólicas y sociales. La medicalización del nacimiento ha permitido avances significativos en términos de seguridad, pero también ha contribuido a invisibilizar aspectos fundamentales de esta experiencia.
La propuesta de pensar el parto como una experiencia estética permite recuperar la centralidad del cuerpo y de la percepción, abriendo un campo de reflexión que trasciende los límites de la medicina. Desde esta perspectiva, la violencia obstétrica puede ser comprendida como una forma de daño físico o psicológico y, además, como una interrupción en la experiencia del cuerpo.
El diálogo con el arte contemporáneo ofrece herramientas conceptuales y sensibles para pensar estas cuestiones. Las obras de artistas que han explorado el cuerpo, la oscuridad, el dolor y el límite permiten visibilizar dimensiones que el discurso médico no logra capturar. Asimismo, la transformación de los espacios de parto y la incorporación de una mirada estética en la práctica obstétrica constituyen pasos fundamentales hacia una atención más respetuosa y significativa.
En última instancia, reconocer el parto como experiencia estética implica un cambio de paradigma: pasar de una lógica centrada en el control a una lógica centrada en el acompañamiento. Este desplazamiento tiene implicaciones clínicas, éticas y políticas, en tanto redefine la relación entre el cuerpo, el saber y el poder.
Pensar el parto como experiencia estética no constituye únicamente un ejercicio conceptual, sino un posicionamiento político. En un contexto donde los cuerpos gestantes han sido históricamente apropiados por discursos técnicos e instituciones jerárquicas, recuperar la dimensión sensible del nacimiento implica disputar sentidos y redistribuir poder.
El arte contemporáneo ha mostrado que el cuerpo no es un objeto pasivo, sino un territorio de inscripción, memoria y transformación. En este sentido, el parto puede ser comprendido como uno de los actos creativos más radicales: un proceso en el que el cuerpo produce vida, pero también experiencia y significado.
La violencia obstétrica, desde esta perspectiva, no se limita a la presencia de prácticas inadecuadas, sino que se manifiesta como una interrupción del proceso creativo del cuerpo. La imposición de ritmos externos, la fragmentación de la experiencia y la negación de la subjetividad constituyen formas de silenciamiento.
Frente a esto, una obstetricia estética no implica embellecer el nacimiento, sino reconocer su complejidad. Supone habilitar condiciones en las que el cuerpo pueda desplegar su potencia, aceptar la incertidumbre y sostener la opacidad necesaria para que algo emerja.
“Si todo es arte, entonces el nacimiento es una de sus formas más radicales. Y como toda forma de arte, requiere tiempo, espacio, respeto Reconocer esto no es un lujo teórico, sino una urgencia ética y política”
Referencias:
- Foucault M. Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. Siglo XXI; 1976.
- Merleau-Ponty M. Fenomenología de la percepción. Planeta-Agostini; 1945.
- Organización Mundial de la Salud. Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud. OMS; 2014.
- Buckley SJ. Hormonal physiology of childbearing. J Perinat Educ. 2015;24(3):145–153.
- Davis-Floyd R. Birth as an American Rite of Passage. University of California Press; 1992.
- WHO. Intrapartum care for a positive childbirth experience. 2018.
- Sadler M et al. Moving beyond disrespect and abuse: addressing structural dimensions of obstetric violence. Reprod Health Matters. 2016.
- Bourgeault IL et al. Too posh to push? Social Science & Medicine. 2004.
- Odent M. Birth and breastfeeding: Rediscovering the needs of women during pregnancy and childbirth. 1979.
Bibliografía adicional reciente recomendada:
- Bohren MA et al. (2020-2023). Mistreatment during childbirth globally.
- WHO (2025). Respectful maternal and newborn care.
- Sadler M et al. Updates on structural violence in obstetrics.
- BMJ Open (2024-2025). Perinatal care experiences and outcomes.
- Reproductive Health (2024-2025). Obstetric violence and mental health outcomes.
Invitación a Colaborar
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